viernes, 20 de diciembre de 2013

Verde absenta y el punto medio



La oscuridad, la sordidez, la extravagancia de un ambiente circense decrépito y pasado de moda. Un prisma de colores disonantes, iluminado por una luz amarillenta. La sensación de desamparo, de lejanía. Un soplo de aire frío y húmedo que nos da en la cara y nos alborota el pelo, haciendo que se nos peque en el rostro. 
 El hombre corre, hacia una estancia verdosa, llena de humo, que apesta a sudor y a
By Michael Hussar
alcohol. Se sienta chorreante en una incómoda banqueta. Espera que una enorme y poco agraciada prostituta le sirva un trago. Ella sonría con los dientes manchados de carmín barato, despeinada, con una respiración fuerte y ronca, y un aliento agrio. El hombre toma su copa, un líquido etílico recorre su garganta. Parte del contenido del vaso chorrea por las comisuras de sus labios. Con indiferencia, limpia su cara con la manga de una chaqueta demasiado sobada y desgastada incluso para el escenario en el que se encuentra.
  Personajes estrafalarios regentan el local. Travestis demasiado peludos y demasiado maquillados se sientan en regazos cuya juventud ya pasó a mejor vida. Mujeres con ojeras, caras cansadas y pocas ganas de sonreír pasean en altos tacones, contoneándose en prendas baratas.
 La elegancia y la estética, armoniosamente cogidas de la mano, se dirigen a un glorioso baño de mármol blanco a vomitar copiosamente. El erotismo desgarra su propio vientre. El arte yace en una glacial sepultura rodeada de flores blancas. En medio de la trágica escena, la pasión y el desenfreno ríen, se bañan en vino, recorren sus cuerpos con sus manos, se mueven espasmódicamente debido al placer; dejan caer hacia atrás sus cabezas tras exhalar una enorme bocanada de aire cálido. 
Un poco apartados y con estupor, unos enormes ojos azules observan. Un niño demasiado mayor para ser niño y demasiado joven para ser adolescente, admira sorprendido la caótica escena. Sus ruborizadas mejillas destacan en su blanquecina y fina piel. Sus labios carnosos se abren para decir algo, “Pero… ¿no existe el punto medio?” titubea. “Solo para el hombre mi niño, sólo para el hombre”, dice una voz maternal mientras acaricia su pelo.

2 comentarios:

  1. me hago seguidor, este microrrelato es estupendo, retrata muy bien la decadencia. saludos

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